Cuasimodo: «Nosotros los distintos»

Escribe: Patricio Diego Vargas. A los 14 años actué en una obra de teatro que se armó como parte de la currícula de esa materia en el secundario. Participábamos alumnos de las tres divisiones. Había que hacer todo, inclusive el decorado y el vestuario; hasta las luces se construyeron. Tenía más de 20 personajes seguro. La base del guión era un cuento sobre una fiesta a la que concurrían los personajes malvados de las historias. Se reunían, disfrutaban, bailaban y hacían una reflexión final, donde cada personaje mostraba su lado sensible y expresaba la necesidad de otra cosa que no sea siempre ese papel de los cuentos.


La obra se hizo varias veces. Una vez vino a verla el mismísimo autor del cuento y se emocionó.
Yo era muy mal actor. Un «impedido» para ese tipo de arte. Lo hice con lo justo y menos también. Tenia un personaje secundario. Un Cuasimodo que era el mozo de la fiesta. Entraba con el cuerpo aplastado por la joroba, arrastrando un pie (composiciones del personaje) con una luz negra y música lúgubre. Servía y ya no recuerdo más que hacía hasta el momento del texto. Una línea tenía nomas. En un momento nos sacábamos, cada uno a la vez el vestuario, y decíamos algo emotivo antes de cantar el «Himno a la alegría», que era el final.
Yo tenía que decir: «nosostros, los distintos, también tenemos derecho a amar y ser amados». No parecía difícil como verán. Una oración y listo. Se ve que no. Durante todos lo ensayos, incluso ese que llaman general, decía invariablemente, con vergüenza casi abrasiva en la cara, «los distintos, NO podemos amar y se amados». Era increíble, como si me apagara la cabeza y me saliera en automático. Me daba cuenta cuando decían -«no, no ,noooooo». Un «no» retroalimentaba otro «no».
Eso me pasaba cuando la obra indicaba que había que desarmar el personaje y decirlo como uno mismo : el que está debajo del personaje tenía que salir a escena. Pero a ese también lo interrumpía otro. Uno agazapado que venía a enunciar lo yo todavía no sabía. Que para salir al mundo del amor hay que armarse de un modo y ese todavía estaba cocinándose. Era tiempo y no era. Con un «cuasi-modo» todavía no se puede.
Entre los compañeros había una breve ex-novia que me había dejado por un chico más grande. Cosas del mundo de los destiempos.
El día del debut lo dije bien.

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