Amor, deuda, filiación

Escribe: Patricio Diego Vargas La «serie de Tévez»(Apache) , filmada por Adrián Caetano, si bien tiene un formato comercial y algunos lugares comunes, muestra, casi de forma desgarradora, lo que significa crecer sin amor. La historia secundaria de la serie sobre el «Uruguayo», amigo de la infancia de «Carlitos», para mí, es lo más logrado de la «muestra». Ambos crecen con carencias, entre la violencia, con necesidades, con dolor y abandono. Carlitos tenía quien se ocupara de él. Creció con una «familia» que a pesar de todo sentía que le «debía» algo. Por lo tanto creció «debiéndole» algo. ¿De donde, sino del «deber amoroso», es que alguien dejaría parte de su «egoísmo» para brindarle algo a otro?

¿De dónde sino la reciprocidad? Eso construye un lazo difícil de quebrar: el de la «deuda» mutua. Por supuesto, «la deuda» conflictua, neurotiza y así andamos luego, de analista en analista. Pero sin dedua no se arma la «filiación», si es que no lo hace la sangre, como se dice en psicoanálisis.

El «Uruguayo» no pudo hacer el mismo recorrido que «Carlitos». Jugaba mejor, lo elegían en los clubes antes que a él, pero nadie de su entorno sentía que le «debía algo», nadie dejaba nada por el, nadie lo «cuidaba». Por ende no «le debía» nada a nadie. Y cuando pudo recibir esa «deuda» ( de la madre de Carlos, de su entrenador) no la soportaba, la rechazaba. Esto es muy doloroso en la historia, es lo crudo que no se puede «masticar» después de verla.

El lazo social «roto», del que tanto se habla en las «ciencias humanas», es la «ausencia de transmisión de una deuda». Su transmisión produce «conflicto psíquico» y cada uno, seguro, tiene que hacer algo para «resolverlo». La «deuda» con el otro no se elimina, porque sin ella no hay estructura simbólica que vincule. Con «deuda» hay conflicto, pero sin «deuda» hay estrago y violencia.

Por: Patricio Diego Vargas

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