Climax de Gaspar Noé

Escribe: Patricio Diego Vargas No hay pulsión sin escena social. (bueno….sin el Otro). Clímax es una película francesa independiente y rupturista. Esto último sucede por el formato en el que está presentada. Es más una experiencia sensorial que una historia. Mejor sería verla con volumen alto. Una coreógrafa reconcida convoca una diversa fauna de bailarines dispuestos a ponerse en sus manos. Entre el casting y el «ensayo final», antes de la gira, transcurre la primer parte. Un DJ pasa una música increíblemente hipnótica y se pone en acto una coreografía infernal de bailes combinados en su disrrupción, que dura mucho tiempo. Un musical intenso y constante desde las entrañas.


En el descanso y el festejo del logro se abre la segunda parte de la película. Alguien puso LSD en las bebidas. Seguramente en una experiencia cuidada, podría ser un «viaje» placentero. Acá no, todo se torsiona a una especie de tren fantasma humano donde explota lo peor. Las combinaciones ya no son la de las experiencias «alternativas», sino la de la invasión de las pulsiones más aterradoras de las que somos capaces los humanos. Alguien una vez dijo que cualquiera puede pensar y fantasear cualquier cosa, cualquier cosa de verdad, la diferencia está entre hacerlo o no hacerlo.
Hay un momento donde uno quiere que se corte el «mambo negro». Tarantino se vuelve infantil por un rato. Pero la mirada sobre eso ominoso insiste en quedarse un poca más. Ese contraste entre lo disfrutable de la primera parte y lo horroroso de la segunda, cada uno con su goce adosado, es el plan de la película. Dos escenas, dos modos de lo pulsional. Eros y Tanatos.


Ese realismo final es paradójicamente una metáfora. No hay posibilidad de vida humana sin la transacción de malestar en la cultura freudiana. Es inviable. Por eso el temor es lo que provoca lo que se cede para vivir en sociedad. No hay libertad absoluta para las pulsiones y sus agencias. Lo que se negocia en ese pacto mínimo y fundante, para no matarnos en la total imbecilidad, son los representantes de las pulsiones. Son los representantes, porque es lo que se puede transformar, cambiar, sustituir, agenciarse de otro modo. No hay pulsiones sueltas.

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